
[...] "Te pasas años de tu vida solo, ensayando ante un papel en blanco, intentando mancharlo con alguna nota o idea que perdure. Y tus motivos no fueron siempre puros. Quizá se trataba de que una chica que te gustaba se fijara en ti. O de escapar de una condición social que aborrecías. O del aplauso del público. Podía tratarse incluso del profano placer de disfrutar de un don natural. En cualquier caso, nada de ello se consigue sin sufrir también las consecuencias. Lo único realmente libre son las ideas. Cuando consigues a la chica, alguien la pierde. Cuando abandonas condición social, llegas a otra. Cuando el público aplaude, también deja de hacerlo. Cuando te amas a ti mismo, no puedes amar a los demás. Sí que te quedas solo, sabiendo que haces lo que te gusta porque te gusta y la indignación de un músico competitivo, las dagas de una amante despechada, las espinas de un crítico ofendido, el narcisismo indulgente como prerrogativa artística e incluso la condena de una cultura corrompido se desvanecen por la poderosa magia del arte."
(Wynton Marsalis)